Friday, November 30, 2007

El multiverso da respuestas

Precisamente poco después de contestar a la interesantísima encuesta que plantea el bueno de Juampe en su blog, el multiverso confabuló, y en cuestión de días, acabé con un dedo ajeno metido en el culo.

No, no, no se me piensen cosas raras. Ese tipo de secretos aún no los confieso.

El caso es que tuve que ir al médico para un chequeo prostático (¡oh, no!), pero no fue ni tan horrible como leí en la wikipedia (lo cual significa que mi próstata está bien), ni tan traumático y humillante como la última vez, años ha, que un médico me metió un dedo en el ojete con aquello de "vale, ahora relájate, ¿ok? porque si no te va a doler" (como disfrutan los cabrones).

Este vez era una médico finlandesa jovencita y simpática. Fue bastante obvio que le daba tanta vergüenza como a mí (se puso rojísima), así que le reproché que ella era la que tenía que actuar natural, que es la profesional, y no yo, que es mi ojete. Jaja, fue divertido.

En fín, que no fue mi caso, pero de todos modos tras la experiencia me creo lo que se dice por ahí.

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Wednesday, November 28, 2007

Palante

Una de las cosas que sí me gustan de la vida, es que, sin que pongamos mucho de nuestra parte, siempre va palante. Esto, si se asocia a la idea de la muerte, envejecer y todo eso, pues agobia. Claro. Pero si se enfoca desde la perspectiva de los progresos (los más importantes son aquellos más lentos e inapreciables), o de las mala rachas, lo cierto es que es una alegría y un alivio, además de importante fuente de esperanzas.

El otro día, por ejemplo, Verónika, Linus y yo volvíamos de la casa de nuestro vecino Veikko (el personaje que me lleva a pescar) y, tras una charla bastante animada en su casa, comentábamos entre nosotros y emocionados cómo nuestro finés primitivo, de algún modo y contra todo pronóstico, ha evolucionado lo suficiente como para permitirnos mantener algo parecido a una conversación con nuestros amigos monolingües.

Veronika estudia finés en casa mucho más que yo (que virtualmente no lo estudio formalmente nunca, aunque hoy mismo he empezado un curso de finés en la escuela popular del pueblo), pero compenso al tener más cara dura y bastante menos vergüenza cuando se trata de compensar nuestra falta de recursos lingüísticos usando alternativas como las que uso en mis clases, tal como idioma telegráfico, gestos, dibujos, circunloquios, etc... así que creo que hacemos un buen equipo juntos (además de un buen dúo cómico).

Yo. Con un hijo y empezando a hablar finés en Laponia. Os juro que a veces me doy cuenta, y también me cuesta creerlo.

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Espanja Espanjaksi

Como me parece que es una cuestión interesante, os voy a hablar en más detalle de lo que hago en una escuela con niños con los que no comparto ningún idioma en común.

En primer lugar, confieso que antes de llegar aquí la idea de no poder hablar con los chavales me acojonó un poco. Pero lo cierto es que, mi falta de finés, actúa más en los niños como un magnífico incentivo para aprender, que me representa a mí un problema insalvable.

A nivel organizativo, tal y como acordé con Anja, dividimos cada clase en dos grupos, de modo que en cada sesión uno de los grupos se viene conmigo a una clase pequeñita a parte (a mi clase) donde hago experimentos educativos con ellos, mwejeje.

En serio, en cierto modo experimento un poco con ellos y conmigo mismo.

A parte de las clases de inglés que doy a los chavales del cole, soprendentemente para mí, tengo un montonazo de chavalines de todas las edades que han decidido apuntarse a las clases de español que organicé en su momento, por curiosidad, por si alguien quisiera venir. Lo sorprendente de la cuestión es que las clases, por cuestiones de currículo, son en horario extraescolar -uséase, que los niños hacen horas extra en el cole para aprender español conmigo -yo lo flipo.

Es más, a los pocos días de empezar las clases me llegaron las maestras de 1º y 2º (los más peques) pidiéndome por favor que hiciera un hueco en mi horario para ir al menos 30 minutos a la semana a sus clases, puesto que algunos niños estaban tristísimos porque algunos de ellos también querían ir a las clases de español pero que sus padres no les dejan ir por cuestiones de trabajo/transporte. Casi todos los problemas en Laponia, por cierto, tienen que ver con el transporte.

Total, que a parte de las clases de los peques en horario escolar, tengo otros 5 grupos de español. Y la verdad es que no recuerdo disfrutar tanto con algo como disfruto hablando malagueño castizo-castizo en plan "a vé, tú, rubio, vente pacá hombre" a grupos de niños (y alguna que otra mamá) que empiezan escuchando desconcertados, pero que poco a poco, entre risitas y bromas, empiezan a entender.

Estando las cosas así, pues sí, me es muy fácil estar motivado, y, cierto es que ayuda tela ver y sentir que los niños se lo pasan tan bien como yo. Así mismo, el hecho de no tener ningún plan de estudio ni nada está claro que ayuda a no tener ningún tipo de presión ni prisas, y esto, estoy convencido, ayuda bastante a tener una atmósfera relajada y a disfrutar de las clases.

En cuanto a metodología, tanto con el inglés como con el español, uso un enfoque comunicativo exaustivamente monolingüe. Quicir, que les hablo exclusivamente en el idioma en cuestión, lenta y estratégicamente, sin recurrir jamás a un segundo idioma para explicarles algo. Si no me entienden (que es la gran mayoría de las veces) entonces recurro a cosas físicas y reales que tenga a mano, que señalo o manipulo (incluído los propios niños, a quienes a veces utilizo a modo de marionetas para representar situaciones) , ayudándoles a que entiendan (o a que construyan por su cuenta) el significado de lo que digo. También recurro a añadir tonos y gestos exagerados, sonidos, e incluso dibujos en la pizarra. Tanto para mí como para ellos, lo que importa es hacerse entender como buenamente se pueda.

Para aquellos improbables maestros (o futuros maestros) de lenguas que me lean, os aseguro que, con una actitud tranquila y paciente, esto que cuento funciona mucho mejor de lo que uno se podría imaginar.

En cuanto a objetivos, aunque esté enseñando idiomas, dejo parcialmente a un lado los aspectos puramente lingüísticos (a parte de porque nunca me los aprendí ni me los sé bien, jaja), para poder así poner más énfasis en la actitud necesaria para aprender y hablar un idioma extranjero: una mezcla de arrojo y creatividad, de flexibilidad mental tanto en la emisión como en la recepción del mensaje, y la idea implícita de que para entendernos mutuamente, tanto en clases de idiomas como en la vida real, independientemente del idioma que hablemos, es necesario escuchar al otro con atención, y simplemente, intentar entender.


Por cierto, el título del post es cómo dicen los fineses "El español a través del español".

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Saturday, November 17, 2007

Jukka y España

Uno de los personajes destacables que he conocido en Muonio, ha sido sin lugar a dudas Jukka, el maestro de música compartido por el colegio y el instituto de Muonio. Debe tener alrededor de unos 40 años, siendo un tipejo delgado aunque con hombros anchos, de más o menos mi estatura, y con una de esas caras peculiares, que sin entrar en la categoría de "guapo consensuado públicamente", sus rasgos tienen un aquel particular (nariz rara, dentadura de tiburón) que en cierto modo lo hacen interesantillo -sí, también es la categoría a la que creo pertenezco.

La primera vez que hablé con él fue en la sala de profesores del colegio de Muonio cuando fui a conocer al resto de profesores. Ya entonces me dijo que 20 años atrás había vivido en España durante 2 años, pero por esas cosas de las situaciones en las que uno habla por el culo sin prestar realmente atención, ni tal frase ni el hecho de que hablara un español con fuerte acento pero bien curtido me sorprendió demasiado. No procesé dicha información hasta varias horas después, ya en casa.

De pronto, me di cuenta de que 2 años es un tiempo bastante largo, ¿no? ¿Qué hace uno en un país extranjero durante 2 años cuando se tiene poco más de 20?

La respuesta me la daría algo más tarde, cenando reno (buenísima la carne de reno, por cierto) con setas laponas en su casa con Veronika y Linus, y con su mujer Katariina y sus hijos Maiki y Rami. Como ya dije, él es profe de música, aunque sea violinista de conservatorio y sea ahora cuando se está sacando el título de maestro. Bueno, pues entre vaso de vodka y vaso de vino, como el que no quiere la cosa, me dijo que, a los 21 años, cuando acabó el conservatorio, se fue en bicicleta recorriendo Europa manteniéndose con lo que sacaba tocando el violín en la calle, y con la intención de poder llegar hasta España. Él no lo ha dicho, pero la gente que le conoce me ha dicho que es un loco del violín y que toca de puta madre.

Me dijo que cuando llegó a España, no sabía nada de español salvo "olé", que él creía que era "hola". También me dijo que este error le creó bastante simpatías, allá por los '80, cuando intentaba saludar a los transeúntes diciendo "¡olé!" y poniendo media cara de sonrisa y media de desconcierto finés sin saber muy bien por qué la gente se descojonaba. Llegó a Almería por el Mediterráneo y recorrió buena parte de Andalucía. Se quedó viviendo en Cádiz una temporada en el piso de unos jóvenes que conoció en la calle. También estuvo 3 semanas en Málaga, donde ahorró dinero suficiente para comprarse un billete de avión a Canarias, donde se quedó casi un año.
Me contó que le impresionó muchísimo la gente de España (tantas cosas han cambiado desde entonces -pensé yo), y me dijo que nunca se le olvidará su primera noche en España.

Llegó desde Francia a un pueblo de Gerona, y, como de costumbre, dejó la bicicleta y sus cosas en la habitación que había conseguido en una pequeña pensión que llevaba un viejo, y se fue a la calle a tocar el violín para conseguir el dinero necesario para pagar la habitación. Cuando volvió a la noche y se dispuso a pagar, se encontró con que el viejo le decía algo que no entendía, pero que aparentemente había algún problema o que no quería que se quedara, puesto que le decía insistentemente que "no" con la cabeza y con los brazos.
Tras un momento de crisis, con más gestos por parte del viejo, Jukka logró entender con la estupefacción que cabría esperar de un finés en tal situación, que el viejo no le decía que no se podía quedar, sino que le había oído tocar en la calle, y que lo que no le dejaba hacer no era dormir, sino pagar.
Poco después llegó el hijo del hombre, que, como decía Jukka, no es que supiera inglés, pero que por lo menos algunas palabras le sonaban, y le explicó que el viejo le quería invitar a cenar. Le preparó un cocido y le sacó queso, tinto y salchichón. Jukka dijo que fue una noche increíble, y que sin poder hacer nada más, sacó su violín y les tocó buena parte de la noche.

Me gustó escucharle hablar de la España de finales de los '80. Pensé que es una pena que tras la popularidad que (la gente de) España tuvo por aquel entonces, se desplazara a gente como el vijeo este de Gerona, para hacer sitio para construir otro hotel más, que pudiera albergar a otro "guiri" más en busca de la hospitalidad y la sencillez española que tanto amo, pero que cada día más añoro.

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